sábado, 17 de octubre de 2009

SEGURIDAD EN INTERNET

A pesar del crecimiento experimentado en los últimos años por el comercio electrónico, una buena parte de la población considera todavía aventurado dar un número de tarjeta bancaria a través de internet. Temen ser estafados. La desconfianza en la seguridad es todavía el principal escollo para el desarrollo de las operaciones comerciales en línea. Pero, verdaderamente, ¿qué riesgos existen al comprar por Internet? ¿Y cómo podemos protegernos?

Cada año son más los internautas que compran a través de internet. Se calcula que el 68% de los usuarios adquiere productos y servicios en la Red, con un gasto medio de 904 euros. Cada vez serán más y el gasto mayor porque decantarse por este canal de distribución tiene ventajas. Muchas veces los vendedores ofrecen precios más baratos o descuentos y además es posible, sentados delante del ordenador y a golpe de ratón, encontrar tiendas on line

muy especializadas con un catálogo amplio; o acceder a productos que no se distribuyen en algunos países y enterarse de todas sus características. Solo parece existir un freno: el miedo al fraude.

En internet, las compras son seguras
La probabilidad de ver su número de tarjeta bancaria pirateado mientras se realiza una compra por
Internet
es extremadamente escasa. Es un mito incluso. Los sistemas de seguridad establecidos en el cibercomercio son eficaces. Pero el peligro puede venir de otros lados. Los estafadores utilizan a veces, para operar números de tarjetas obtenidos por otros medios: en los tiques de pagos bancarios realizados en los comercios convencionales, por ejemplo, o también a través de páginas que ellos mismos colocan en la red.

Atención a los sitios con los que se comercia
En efecto, ciertos sitios comerciales no son fiables y no ofrecen seguridad a sus transacciones. Algunos han sido creados por estafadores. El resultado es obvio: realizará un pedido que nunca le será entregado y habrá ofrecido al malhechor su número de tarjeta que, sin duda, le servirá más tarde para cometer nuevos fraudes.

Resulta por tanto fundamental realizar las compras por
internet
en sitios seguros. Para ello se debe comprobar que la dirección URL empieza por hppts:// por un candado cerrado o una llave entera a pie de la página. Sus datos viajarán encriptados bajo un protocolo de seguridad.

Por tanto, no hay que comprar en cualquier sitio. Si se está interesado en una oferta concreta de una página de
internet
que no se conoce, intente investigar si realmente es una empresa legal. ¿Es una marca reconocida? ¿Hay teléfono de atención al cliente? ¿Tiene sede física? En principio, y como norma general, no hay que fiarse de las direcciones demasiado largas.

Conviene, además, revisar las licencias y los contratos que aparecen en la web antes de efectuar la compra, y comprobar que la web disponga de certificado digital, porque este dato confirmará que la página no es una falsificación. La forma de comprobarlo es muy sencilla: haga doble clic en el candado, de manera que se abra una pestaña mostrando los datos identificativos de la firma que gestiona el dominio en Internet, así como el nombre de la empresa que emitió ese certificado.

Fundamental es también saber que para comprar por
internet
el vendedor puede solicitarnos nuestro nombre, el número de la tarjeta y su fecha de caducidad, pero nunca pueden pedirnos el número PIN.
Mucho ojo cuando la compra se efectúa a compañías extranjeras. El comercio electrónico es un fenómeno global, pero las normas que lo regulan están dictadas por las autoridades de cada estado o, en el mejor de los casos, por algún ente supranacional como la Unión Europea. Los contratos realizados por vía electrónica están sujetos a la normativa del país en la que resida el consumidor, pero el Estado no puede imponer su legislación más allá de sus propias fronteras. Ello significa que solo nos protegerá la normativa española si compramos en establecimientos radicados en la UE. Fuera de los límites europeos será casi imposible recuperar el dinero.

El resumen de la transacción
Al terminar una compra debe aparecer una página que resume la transacción y que el usuario debe imprimir y guardar, junto a la página que contiene el nombre del negocio, la dirección, el número telefónico y los términos legales de la compra. Debe conservarse esta información hasta recibir el producto y, aún más, hasta que termine el periodo de garantía, si lo tuviera.

Devolver el pedido
Una vez efectuada la compra, debe saber que el vendedor esta obligado a cumplir con el plazo de entrega que haya ofertado en el contrato y que debe figurar en la hoja de pedido. Si no se especifica, se entiende que el plazo máximo será de 30 días. Si no se recibe en fecha, el consumidor tendrá derecho a que le devuelvan el precio duplicado y a que le indemnicen por los otros perjuicios que pueda haber sufrido.

Si el producto comprado no responde a sus expectativas, tiene todo el derecho del mundo a devolver el producto o resolver el contrato en siete días hábiles. Si ejercita este derecho, quédese siempre con una copia sellada del documento o resguardo de devolución.

La trampa del falso banco
Pero, si es importante no realizar compras en páginas no seguras, conviene prestar una especial atención a los correos electrónicos que, supuestamente, proceden de una entidad bancaria y que solicitan datos personales y claves. Esta práctica fraudulenta –conocida como phishing”– es muy común en España, tanto que nuestro país se ha convertido en el tercer Estado del mundo que más lo sufre.
Conviene saber que los correos electrónicos cuya extensión no coincida exactamente con la del banco son falsos.

Resulta de utilidad revisar detenidamente los extractos bancarios, con el fin de detectar cualquier movimiento irregular de activos de nuestra cuenta. Si observáramos algo extraño, lo mejor es contactar con la entidad bancaria para solicitar los detalles.

Aún estando precavidos por todo lo que hemos comentado nunca podemos estar seguros al 100% de que no habrá peligro. Pero eso puede ocurrir en
internet
igual que puede sucedernos en un comercio convencional, o incluso al sacar dinero de un cajero.

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